El gato que se creía perro – Cuentos de cuarentena – 31 de marzo 2020

Había una vez un gato que se creía perro. Parece loco (es loco) pero es verdad. Movía la cola como la mueven los perros. Casi ladraba en vez de maullar y le salía como un “mi-guau”. Le gustaba enterrar huesos y no cazaba ratones. No se subía a la falda de la gente ni le gustaba perseguir bolas de lana. Ni siquiera le gustaba el pescado.

Era un gato que no se creía gato.

Pero un día salió de la casa. Alguien había dejado la puerta abierta y se arrancó. Si hubiera sido un gato-gato, seguramente no habría salido, porque los gatos prefieren quedarse en algún sillón durmiendo, muy perezosos (como uno en cuarentena). Pero como este era un gato-perro, salió disparado a la calle, a maullarle (o ladrarle, creía él) a los autos.

Entonces vio a un perro haciendo pipí en un árbol. Y él, que se creía colega, fue a hacer pipí a su lado. El problema es que el perro (que era un perro-perro y no un perro-gato) le pegó tres ladridos al gato loco ese y el pobre ni alcanzó a pensarlo y ya estaba arriba del árbol. Entonces pensó: “Si puedo subirme al árbol, entonces no soy perro”.

Y desde entonces fue sólo gato. Y sin ni ir al sicólogo (que es harto caro, además).

FIN