El reality que nunca nunca acabó – Cuentos de cuarentena – 13 de abril 2020

Al súper creativo de un canal de televisión se le ocurrió lo siguiente: encerrar a un montón de personas en una casa llena de cámaras.

Su idea era transmitir todo lo que pasaba día a día en la casa.

Que el público viera cómo vivían, cómo dormían, cómo se despertaban y qué hacían (menos en el baño, porque eso es feo). Esto, las veinticuatro horas, sin descanso ni pausa.

En el canal encontraron que el creativo era un GENIO, le subieron el sueldo y hasta contrataron a una secretaria sólo para él.

Entonces buscaron a los protagonistas de este experimento, los hicieron firmar un millón de contratos y los metieron a la casa y les dijeron “chao, sean famosos”.

Fue increíble. Fue todo un éxito. La gente decía: “pero si es como la vida real, pero en chiquitito”.

Pero como ocurre con casi todo (por ejemplo, los helados), la gente se aburre –aunque le guste- y quiere luego otra cosa. Y un día cualquiera, al poco tiempo, otro canal lanzó un programa en que peleaban dos equipos, uno de gordos contra uno de flacos. Y después uno de pelados contra otro de chascones. Y fueron tan grandes éxitos, que todos se olvidaron de la casa con la gente encerrada. Pero no fue problema para ellos, porque tenían comida y agua como para resistir desde una cuarentena por cororonavirus hasta un ataque nuclear.

Hay personas que dicen que esta es una leyenda (o sea, una historia inventada). Hay otros que han querido encontrar esa casa con personas que actúan todo el día, pero que ha sido imposible.

Lo único que sí es cierto es que el creativo inventó después otro “maravilloso” programa: un concurso de hamsters cantantes, al que no le ha ido muy bien.

Es que los hamsters no cantan muy bien cuando tienen la boca llena de semillas.

FIN