La Sinfonía Tuto – Cuentos de cuarentena – 26 de marzo 2020

Había una vez un compositor de música que se llamaba Renato. Este destacado artista había inventado un montón de canciones. Unas llenas de campanitas para Navidad, otras muy limpiecitas para avisos de jabón y una para funerales que era tan, pero tan triste que hasta los muertos se sonaban los mocos de pura pena.

Renato era exitoso, pero había un problema que le impedía disfrutar su fama: no podía dormir. Y no era porque su pieza, su casa, su calle o su comuna fueran particularmente ruidosas.

No.

Era porque el oído de Renato era muy, pero MUY sensible. Oía todo. Oía a las baratas caminar. Oía a las polillas masticando la ropa. Oía los temblores del refrigerador y también la conexión a internet. Hasta la inalámbrica. Oía los relojes digitales y hasta las pilas de los juguetes.

Oía TODO.

Y dormía NADA.

Entonces, un día cualquiera, desesperado, se puso a componer algo especial. Quería una música que tapara todos los ruidos y que fuera tan potente que nada la superara. Y le puso de todo: violines, violas, timbales, piano, trombón y xilófono. Triángulo, saxo, tuba y corno. Todo, todo, todo hasta que logró lo que quería: un sonido tan, pero tan potente que sólo se oía música y nada más.

Esa noche, oyendo su composición, pudo dormir al fin. Pero al día siguiente se dio cuenta que le había quedado tan buena, que no podía sacársela de la cabeza.

Y ahora tampoco podía dormir por la tuba, y el trombón y hasta el triángulo, al fondo de su cerebro.

Fue entonces que compuso una música del silencio. Y le quedó tan, pero tan buena, que cuando la tocaron en el teatro…

… no se escucharon ni los aplausos después.

FIN