La nariz más millonaria del mundo – Cuentos de cuarentena – 20 de abril 2020

Don Patricio Pascual tenía la nariz más olorosadora del mundo mundial. Es decir, podía sentir hasta el olor más minúsculo y lejanísimo, enano y apenas existente. A veces estaba conversando muy serio y de repente, sin previo aviso, ponía una tremenda cara de felicidad, como si se hubiera comido medio metro de turrón de una: es que una flor se había abierto a medio kilómetro hacia el sur. Así de refinadísima era su nariz, la que estaba asegurada en chorrocientos mil millones de dólares (pero en billetes recién lavados, porque o si no tenían aroma a manos cochinas y eso no podía ser para él).

Ustedes dirán: pero qué suerte la de don Patricio Pascual, porque le pedían que oliera de todo. Por supuesto que vinos, porque a los viejos (y a las viejas, juntándose por Zoom) les gusta tomar vino y encontrar que huelen a vainilla, flores del bosque, frutos rojos, regaliz (pero ¿qué es eso? ¿se come? Pues sí, se come, pero allá en Europa no más) y un montón de cosas aparte de oler a uvas, que es lo obvio. También le pedían que metiera su nariz en tazas de té, en tazas de café y que olisqueara chocolates. ¡Y le pagaban por eso!

El problema es que su nariz no se tomaba vacaciones. Y a veces, a mitad de la noche, don Patricio Pascual se despertaba muy, pero muy enojado, porque medio kilómetro hacia el norte una hormiguita se había tirado un tremendo mini peo.

FIN