Buena tu solución, mamá del año – Cuentos de cuarentena – 21 de abril 2020

Esta no es una historia amarga. Tampoco es una historia dulce. Es, para dejarlo en claro bien rápido, una historia picante (pero no de rasca, sino de ese picor que hace que los mocos salgan como una catarata. De ese picor estamos hablando, ojo).

Había una vez una mamá llamada Lucía, que tenía una hija llamada Catalina. Todo era paz y amor en su casa, pero había un problema: Catalina se chupaba el pulgar. Y su madre se la imaginaba con los dientes creciendo todos chuecos y el paladar entero torcido por culpa de ese dedo intruso.

Por más que respiraba profundo y contaba hasta mil, Lucía no podía tranquilizarse. Y empezó a buscar ideas geniales en internet, que es donde nacen y crecen las ideas más idiotas (perdón, quise decir geniales) del mundo mundial (hasta le enseñan a tocar el piano a los gatitos. Son mejores que Einstein, aunque todo es relativo ¿o no?).

Entonces, en la noche siguiente le puso un montón de pasta de ají en el pulgar a Catalina.

Y así lo hizo durante todo un mes: cuando se iba a dormir, le pasaba una pequeña brocha con ají por el dedo, apagaba la luz y le decía “Muy buenas noches, mi amor”.

El problema es que durante todo ese tiempo, Catalina se chupó el dedo igual no más.

Y su mamá se dio cuenta al día 30, cuando al abrir las cortinas y saludar a su hija, esta le respondió:

-Órale, mamita. Pero que chido este día, ¿no? ¿tenemos torta de jamón para el desayuno?

Se había vuelto mexicana.

Igual tuvo suerte, porque si se hubiera vuelto coreana le habría dicho anyong hashimnikka, y ahí si que no hubiera cachado nada la pobre Lucía.

Así que suspiró profundo y fue a hacerle unos tacos, con las tortillas bien blanditas. Porque no tenía torta de jamón, güey.

FIN