Las mascotas eternas – Cuentos de cuarentena – 22 de abril 2020

El profesor Chukrut, aunque cueste creerlo, tenía algo de familia. Una familia muy lejanísima, compuesta por dos pequeñas mellizas semi primas en quinto grado y medio. El caso es que se acercaba el cumpleaños de estas niñas y don Hans Fritz no tenía un regalo para ellas.

“¿Qué les gustaría a estas niñas” pensaba, hasta que un paseo por la plaza le dio la solución.

Se metió a su laboratorio y, en menos de una semana, tuvo la solución a su problema. Lo puso en una pequeña jaula y lo mandó a la lejana dirección de sus pequeñas parientes.

“Creo que les encantará” se dijo, muy convencido (igual que cada vez que dejaba el desastre, por decirlo finamente) antes de dormirse esa noche.

Pasaron los días, las semanas y los meses, y el profesor nunca tuvo noticias de sus semi primas… hasta el día de su propio cumpleaños.

Alguien tocó a su puerta y al abrir allí estaba: ningún humano, pero sí un perro cachorro eterno, el que genéticamente estaba destinado a nunca crecer. Venía con una carta que decía: “Gracias por el presente tío, pero es tan increíble que te lo mandamos de vuelta como regalo para tu cumpleaños. Es lindo, es tierno y es amoroso, pero se hace caca en todas partes y pichi en todos lados, rompe todo y nunca aprende, porque nunca crece. Esperamos que lo disfrutes igual que nosotras. Chaíto. Y para el próximo cumpleaños, manda el puro saludo por favor”.

“¿Guau?” dijo el mini perro mirando a su nuevo dueño, mientras el profesor sólo dijo “Uf”.

Y fue a esconder sus zapatos, enrolló la alfombra y fabricó un mini gato eterno, para que el cachorro lo persiguiera eternamente también.

Esto aparte de comprar como 200 kilos de Doko para cachorros.

FIN