La reineta mágica – Cuentos de cuarentena – 05 de mayo 2020

Un pescador y su mujer vivían en una pequeñísima choza en una playa. Eran súper pobres, pero siempre tenían qué comer, porque igual contaban con un bote (medio roñoso, pero que todavía flotaba). Ocurrió que un día el pescador sacó del mar una reineta bien guatona. Y justo estaba pensando en el tremendo cebiche que se iba a hacer, cuando la reineta le habló:

-Pescador, soy un príncipe encantado y, si me dejas en libertad, algún día te devolveré el favor.

Al pescador le llegó a doler la mandíbula por abrir así la boca (muy grande). Primero, porque todavía existan príncipes. Y segundo, porque lo habían convertido en pescado (y lo típico en los cuentos es el formato sapo). Obviamente que se anduvo asustando y al tiro dejó libre a la reineta parlante. Al volver a su casa le contó lo ocurrido a su señora y ella se enojó mucho, porque no le había pedido nada al príncipe encantado. Entonces le ordenó a su esposo:

-Le perdonaste la vida, así que vuelve y pídele una casa para nosotros. Es lo mínimo.

El pescador salió al mar y, al encontrarse con la reineta -algo avergonzado, porque era muy tímido- le pidió una casa. Y al volver a la playa, ahí estaba.

¡Magia!

Pasaron unos días y la esposa le dijo a su esposo: “Ahora anda y pídele a la reineta mágica que nos regale una mansión como de futbolista”. Y el pescador, que era entre obediente y gil, fue a pedírsela. Y así ocurrió.

Una semana más tarde su mujer quería un mall, con tiendas, cines y restaurantes.

El pescador habló con la reineta y al volver a la playa vio un edificio gigantesco, del que su mujer era dueña. Y pese a lo grandioso del último regalo de la reineta mágica, la mujer del pescador estaba insatisfecha. Y se notaba, porque recorría los pasillos del edificio pensando y mascullando sobre qué iba a pedir ahora.

“Ahora quiero ser la alcaldesa de la región, igual que la Robotina. Dile eso a tu pescado”. Y el pescador agachó la cabeza y fue nuevamente a pedir lo que su mujer quería.

La gente del pueblo iba a rendirle honores a la alcaldesa, pero eso tampoco fue suficiente (pucha la vieja avariciosa, ¿no?). No pasó ni una semana y, cansada de tan poca cosa para ella, exigió a su marido que el príncipe encantado les diera algo más.

-Ahora quiero ser presidenta-, exigió.

Pero esta vez la reineta le contestó al pescador: “pero ya hay un presidente. Maoma, pero ya hay”. “Es verdad” respondió el pescador y se encogió de hombros. Entonces el pez mágico le dijo: “vuelve a tu casa y tendrás lo que merecen”.

Al llegar a la playa estaba la choza de antes, en la mitad de playa.

Y también la misma vieja catete del comienzo del cuento.

De terror.

FIN.

POSTDATA: seguramente después de este cuento, el viejo se volvió vegano, jo jo.

POSTDATA 2: La dirección no se hace responsable de los comentarios políticos de la reineta.