La última del profesor Hans Fritz – Cuentos de cuarentena – 19 de mayo 2020

Después de tanto intentar e inventar, el pobre profesor Hans Fritz Chukrut estaba pensando en emprender (que es algo que no entiende, pero que parece que hay que hacer, dicen). El problema es que no sabe cómo. Entonces se le ocurre que es mejor copiar que ponerse muy ingenioso, porque cada vez que quiere ser original, todo le sale originalmente mal.

“¿Qué cosa es tremendamente exitosa, no como yo?”, se pregunta el doctor (snif).

Entonces se puso a ver el canal del Llame Ya, porque por algo la gente los llama ya.

Y vió un aparato que te hace musculoso y sin hacer ejercicio, con golpes de corriente eléctrica. Oh. Y una pintura en spray para los que se están quedando medio pelados. Doble oh. Y más y más cosas que pican, cortan, masajean y traducen idiomas, hasta que se quedó muy dormido.

Al despertar sintió que hacía frío afuera de su cama, pero no adentro. Es que tenía prendida su scaldasonno. ¿Y si inventaba algo para calentar lo más frío?

Entonces buscó en internet y encontró que la mayoría de la gente opinaba que lo más frío era el corazón de los millonarios.

Entonces inventó el scaldacuore, que significa “calienta corazones”.

El problema es que a los millonarios no les interesa calentarse el corazón.

Así que no vendió ni uno. Y allí estaba, sentado, tanto pero tanto rato que hasta que se le enfrió el poto.

Fue entonces que inventó el scaldapoto.

Pero tampoco vendió ni uno, porque justo era verano y salía más mucho barato acostarse guata abajo y dejar que el sol hiciera lo suyo.

Pobre profe. Nuevamente le fue como el…

FIN